¿Qué es?

Es una pregunta que se hace a menudo. El arte contemporáneo no se limita a una sola forma de hacer arte. Puede ser pintura, escultura, fotografía, arte textil, cine, sonido, instalaciones, performance o casi cualquier otra cosa. Cada generación ha tenido sus artistas contemporáneos. Leonardo da Vinci fue un artista contemporáneo. También lo fueron Monet y Van Gogh. Hacían arte en el mundo y en la época que les tocó vivir, explorando nuevas ideas y nuevas formas de mirar las cosas. Simplemente, más tarde empezamos a considerar sus obras parte de la historia.

Los artistas de hoy hacen algo muy parecido: crean en su propio tiempo, responden al mundo que los rodea y exploran aquello que les interesa, les preocupa o les plantea preguntas. No tiene tanto misterio.

Quizá una forma sencilla de pensarlo

Imagina una cebolla. Un artista podría simplemente pintar la cebolla. Otro podría invitarte a mirar sus capas, su centro, las hojas que crecen por encima de la tierra, las raíces que se extienden bajo ella, el suelo donde creció, las personas que la sembraron, de dónde viene o qué podría representar. Pero sigue siendo una cebolla. Lo único que ha cambiado es la forma en que piensas en ella.

El arte contemporáneo suele hacer algo parecido. Puede tomar algo conocido e invitarnos a mirarlo de nuevo, a descubrir algo que normalmente pasaría desapercibido o a pensar en ello de otra manera. A veces el tema es desconocido. Otras veces es algo completamente cotidiano. Lo interesante puede estar en lo que ocurre cuando dejamos de mirar algo sin más y empezamos a hacernos preguntas sobre ello.

No tienes que entenderlo

No tienes que entender una obra de arte para disfrutarla. No necesitas saber qué pretendía el artista, aunque puede ser interesante imaginarlo. No necesitas conocer su historia, y no siempre hay una única interpretación correcta. Puede que admires la habilidad con la que está hecha la obra o disfrutes de los materiales que ha elegido el artista. También puede que te gusten sus colores, su escala o su forma. Tal vez una obra te haga sonreír, te inquiete, te recuerde algo o te haga detenerte un momento a pensar. O quizá simplemente te guste porque sí. Todas estas son razones perfectamente válidas para dedicar tiempo a mirar obras de arte. Y a veces una obra no te gustará en absoluto, y no pasa nada.

Piensa en las apps de streaming. No esperas que te guste todo lo que encuentras ahí. Navegas, algo te llama la atención, le echas un vistazo y decides si es para ti. Con el arte puede pasar lo mismo. Puede que algunos artistas te interesen y otros menos. Puede que te encante una obra y otra no te diga nada. Incluso puedes cambiar de opinión cuando vuelves a ver algo. No hay ningún examen que aprobar ni ninguna obligación de que te guste todo.

Entonces, ¿qué es?

En buena medida, la respuesta depende de ti. Mira. Fíjate en lo que te llama la atención. Ten curiosidad. Pregúntate qué ves, qué sientes o qué te hace pensar una obra. Y si la respuesta es simplemente «No lo sé», no pasa nada. Puedes seguir mirando. Porque a veces lo más interesante de una obra no es encontrar la respuesta a «¿Qué es?», sino descubrir qué preguntas te despierta. Y quizá encuentres algo sorprendente. Algo extraño. Algo bello. Una experiencia que se quede contigo.

Si encuentras aunque sea una sola cosa nueva que disfrutes, habrás añadido belleza a tu mundo.